« A joia da floresta »

El Cupuaçu, joya de la selva amazónica


Verdadera caja fuerte de la biodiversidad mundial, Amazonia posee una riqueza de más de 16 000 especies vegetales diferentes. Entre ellas, solo una tiene derecho al halagüeño sobrenombre de « joya de la selva » - « a joia da floresta » en portugués: el Cupuaçu. Y si a los brasileños les gusta tanto es porque saben desde hace mucho tiempo que esta fruta es de una infinita generosidad.
Detrás de ese nombre que se dice con la punta de los labios – pronúnciese « cupuassu » -, se oculta un gigante como solo Amazonia parece poder producir.

Una infinita generosidad

Todo en el Cupuaçu es generoso: los árboles pueden alcanzar 20 metros de altura y producen, directamente en el tronco, enormes frutos marrones que pueden pesar hasta 4 kilos. En el interior de estas cápsulas, que recuerdan a las del cacao, se oculta una pulpa tan cremosa como perfumada, la cual sirve para elaborar zumos, sorbetes, gelatinas o pasteles, que encantan a los brasileños desde siempre. Además de esta pulpa, el Cupuaçu contiene granas con propiedades medicinales y cosméticas. Y, como en el Cupuaçu no se desaprovecha nada, su corteza, una vez seca, se convierte en un abono muy eficaz. En cuanto a los residuos de su pulpa, una vez transformados en harina, sirven para alimentar a los bovinos. ¡Un modelo de economía circular!

Un uso ancestral puesto de moda

Desde siempre, el Cupuaçu forma parte integrante de la vida de las poblaciones indias. Según los historiadores especialistas de la región, las comunidades locales se servían, no solamente de la pulpa de este generoso fruto para alimentarse, sino que sus granas eran objeto igualmente de un comercio a lo largo del Río Negro y del Orinoco. El aceite de Cupuaçu obtenido prensando las granas, se utilizaba esencialmente en los partos, ya que es reputado por calmar los dolores abdominales. Hoy día, con este aceite se elabora una manteca que posee un poder increíblemente nutritivo para la piel. Menos conocida que la manteca de Karité, es sin embargo 1,5 veces más nutritiva y su nombre empieza a conocerse en la cosmética mundial, exportándose desde Japón hasta Estados Unidos.

Una celebración nacional

Esta generosidad se celebra durante un festival que reúne cada año, a finales del mes de abril, en Presidente Figueiredo, en el corazón de la Amazonia brasileña, a unas 300 000 personas. Para la mayoría de los festivaleros, la estancia en esta región de difícil acceso está motivada, ante todo, por las promesas de un tentador programa musical: desde hace más de 30 años, los mejores grupos de samba, de forro o de MPB – la canción de variedad del país de Pelé – acuden a presentarse en este apartado rincón de Amazonia. Convertido en un enorme festival cultural, la Fiesta del Cupuaçu ha conservado su primera vocación: la de una feria agroindustrial destinada a promover el cultivo de este árbol endémico.

Un freno a la deforestación

Pero si las autoridades locales desean organizar cada año un evento destinado a promocionar este fruto es, sobre todo, porque su cultivo puede permitir luchar contra la deforestación. Amazonia lo necesita. Según las estimaciones de Greenpeace, solo en Brasil, se abaten cerca de 900 árboles cada minuto. Una amputación anual de aproximadamente 8 000 kilómetros cuadrados, lo que corresponde a la superficie de Córcega, consecuencia de la explotación ilegal de madera y, sobre todo, del desenfrenado desarrollo de los cultivos de exportación, tales como la soja. Muy remunerador en los primeros años de explotación, este sistema extensivo deja detrás de él parcelas de suelo esquilmado, si éste no ha desaparecido bajo el efecto de la erosión. Favoreciendo el cultivo del Cupuaçu en agroforestería, junto con otras plantas como el Açai o la Acerola, los campesinos comienzan un ciclo virtuoso que estabiliza y regenera los suelos y les permite variar los recursos.

Un combate para una agricultura responsable, apoyado por Klorane Botanical Foundation

A fin de acompañar esta conversión de la agricultura en Amazonia, Klorane Botanical Foundation se ha comprometido, en asociación con el Instituto Beraca, a coordinar con un profesor de socioecología de la Universidad Federal de Para, en Belem, un estudio pluridisciplinario sobre el impacto local del sistema agroforestal que integra el Cupuaçu.
Esta fase de exploración ha permitido identificar varios lugares de acción y crear un ambicioso programa para compartir los conocimientos entre las diferentes comunidades que explotan el Cupuaçu. Por ejemplo, la comunidad de Santa Luzia, poseedora ya de una gran experiencia de cerca de dos decenios en agroforestería , transmite su saber hacer a los habitantes de Bela Aurora, permitiendo a esta comunidad aislada, compuesta por descendientes de esclavos, cultivar a su vez el Cupuaçu, asociándolo a otros vegetales endémicos. Esta ejemplar acción de educación para el desarrollo sostenible ha sido saludada por la UNESCO en el marco del programa internacional « UNESCO Green Citizens, hazte pionero del cambio ».
Ha permitido igualmente, gracias a un diagnóstico realizado con las poblaciones locales, confirmar su interés en un proyecto de agroforestería biológica para mejorar aún más la calidad de la producción y minimizar su impacto medioambiental e integrar el sector Botanical Expertise Pierre Fabre.

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